Chito quería matar a Jodorowsky. Yo lo alentaba. En parte, por odio. En parte, por diversión. Hasta que Chito se consiguió el arma. Iba a haber problemas.
Era un revólver blanco. Se lo compró a un viejo alemán, en Valparaíso. El cañón relucía bajo el naranjo, en el patio de Chito.
El veinte de Abril, Jodorowsky daría una charla. Chito se mantuvo en vigilia durante varios días. Fue el primero en llegar al recinto (a las seis de la mañana) y ocupó el mejor asiento. Escuchó la conferencia con un malestar creciente.
Sin embargo, cuando se acercó, con la mano sudando alrededor del arma, Jodorowsky lo confundió con un admirador y lo recibió con un gran abrazo. Conmovido, Chito se echó a llorar y lo llamó "maestro".
Ahora, Chito se lamenta por su debilidad. Lee los libros de Jodorowsky con desagrado, murmurando "La próxima vez sí que lo mato. ¡Lo mato!".
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1 comentario:
me leyeron tu poema. Los pelos de mis orejas se erizaron, se me durmió la pierna derecha y me puse más turnio. Ella escribía solo con dos dedos, yo y ella. Tú le has dado la mano?
Sí..
yo ya se la di.
Lo recibí y aprendí.
ultranegro@hotmail.com
marceLOCOfré.
p.d: descubriste cual es mi carta?
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